E D I T O R I A L

¿Conmemoración o fiesta?


El Señor Jesús, luego de su resurrección, permaneció cuarenta días visible a los ojos de los discípulos y luego subió al Cielo en un día como hoy. Antes prometió el Espíritu Santo: “Vosotros recibiréis una fuerza cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros, y de este modo seréis mis testigos” (Hch 1, 8). Algunos piensan y sienten que la Ascensión es una fecha de tristeza porque el Señor se va y ya no contamos con su presencia visible. Otros, al contrario, al verlo subir entre los coros de los ángeles y los santos, celebran su triunfo y se aseguran de que, a su vez, ellos llegarán “donde está su cabeza, ya resucitada”. Nosotros nos alegramos, sobre todo. Pero no deja de llamarnos la atención también lo que dicen los ángeles: “No se queden mirando al cielo”. Al mismo tiempo, nos preparamos para recibir al Espíritu Santo, cuya fuerza verdaderamente nos hace falta.


C O N C I L I Á B U L O


Cuatro formas de hablar de Dios


Hay una primera forma que se llama “evangelización”, o sea, el anuncio de que Dios no nos ha dejado solos en nuestra miseria, sino que nos ha enviado a su Hijo como salvador. La segunda es la catequesis, o desarrollo doctrinal más amplio de las verdades de fe. La tercera es la teología, o profundización de las grandes verdades y su defensa frente a ataques y contrariedades. Y la cuarta es la homilía, que no es sino la aplicación de la palabra de Dios que se ha leído ante una comunidad de creyentes cristianos.


Las quejas


Hemos oído muchas quejas sobre la predicación. En parte, porque los predicadores se alargan demasiado en esta época en que todo está dominado por la imagen; en parte, porque se intenta profundizar tanto o hablar tan teológicamente que son pocos los que pueden entender. Y más frecuentemente, las quejas vienen por una razón trivial: no se oye bien.
No cabe duda de que los predicadores deben prepararse mejor y saber qué están haciendo: evangelización, catequesis, teología u homilía. La homilía debe ser breve, debe tener como tema la palabra de Dios que se ha anunciado y aplicarla a la comunidad concreta que está celebrando.


Reunión de maestros


El jueves 21 hubo una reunión de maestros, como se hace hacia el final de los cursos. En este caso se trataba también de celebrarlos por el Día del Maestro, que diferimos para no perder clases. En esta reunión se suele dar a conocer el veredicto o las calificaciones que cada grupo hace de sus maestros, uno por uno. Y a su vez, los maestros expresan su opinión sobre los grupos, uno por uno. Se trata de que haya un verdadero intercambio y se sepa si la comunicación está fluyendo o está atorada. No nos gusta nada el “magíster dixit”, como se suele decir que es usual entre nosotros. Todo lo contrario.


La tesis del doctor Pedro Chavarría



Nos dicen que finalmente el doctor Pedro Chavarría Xicoténcatl –uno de nuestros mejores maestros- presentará su esperada tesis de maestría en Filosofía. Por una u otra razón no la había presentado, aunque sus calificaciones de los diversos cursos son excelentes y los escritos que ha publicado en otras partes son admirables. Esperamos que muy pronto llegue la fecha de esta presentación anunciada por el director de la Facultad de Filosofía de la Universidad Veracruzana, maestro Alberto Ruiz Quiroz.



Diócesis de San Andrés Tuxtla: cincuenta años de discipulado
por Francisco Javier Román Fuentes


Todo comenzó por los días de 1919, cuando el Papa Benedicto XV traslada la sede episcopal de la diócesis de Tehuantepec a la villa de San Andrés Tuxtla, Ver., donde residieron tres obispos: monseñor Ignacio Placencia y Moreira, Genaro del Río y Jesús Villareal y Fierro; quien fuera el V obispo de Tehuantepec.

Y así, el 23 de mayo de 1959, el Santo Padre Juan XXIII, con la bula “Quibus Christiani” erige la Diócesis de San Andrés Tuxtla, siendo el primer obispo monseñor Jesús Villareal y Fierro.

Es ahí donde se inicia el gran caminar de esta Diócesis joven que ha llegado hasta nuestros días, llenándose de una inmensa alegría y sobre todo de mucha gratitud con el Señor, pues son años de mucho trabajo, de crear estructuras y de esfuerzos compartidos para que la evangelización enraizara en estas tierras veracruzanas.

Se celebran estas fiestas jubilares, dando gracias a Dios porque a lo largo de estos cincuenta años, ha dado cuatro obispos: monseñor Jesús Villareal, Arturo Szymansky, Guillermo Ranzahuer, y actualmente monseñor José Trinidad Zapata.



Fruto de los años de trabajo de la Diócesis son los dos seminarios: el Seminario Menor de San José y el Seminario Mayor de San Andrés Apóstol. Más de cien presbíteros, que a lo largo de estos años de discipulado, han servido a esta diócesis se han formado con ayuda de otros seminarios. Junto a ellos, está la presencia de los diáconos permanentes, que suman ya más de treinta, y que están al servicio de las más de cincuenta parroquias.

Por todo esto, y más frutos, es que este sábado 23 de mayo del presente año, al cumplirse los cincuenta años de su erección, se culminó un año jubilar con una solemne celebración presidida por el Nuncio Apostólico en México, monseñor Christophe Pierre, Arzobispo titular de Gunela, en la Catedral de San Andrés Tuxtla, a las 12:00 horas, acompañado del obispo José Trinidad Zapata Ortiz. Donde se dieron cita el presbiterio en pleno, seminaristas, religiosas, hermanos y hermanas fieles de cada rincón de la Iglesia Diocesana, y demás invitados que compartieron esta gran alegría.
Hoy se siguen encomendando a Jesucristo Buen Pastor, por la intercesión de Nuestra Señora la Virgen del Carmen y de San Andrés Apóstol, patronos de esta Iglesia Particular que seguirá peregrinando al encuentro del Padre animada por la acción del Santo Espíritu.




El viaje del elefante
por Alfredo Peralta Arrallaga


Sabemos que el elefante es el único animal cuadrúpedo que dobla las extremidades de la misma forma que el hombre. Podemos pensar que ésta sea una razón por la cual José Saramago hace esta metáfora sobre la muerte del ser humano pero parece que no es así. Él da una razón más sencilla, menos abstracta. Cuenta él mismo que en un restaurante de Salzburgo Austria vio unas esculturas de madera que representaban el itinerario del viaje de un elefante de Lisboa a Viena en 1551 y, como gran literato, vio más que meras figuras, vio una novela.
Juan III, insatisfecho por el regalo de bodas que le hizo a su primo Maximiliano, archiduque de Austria, decide hacerle un nuevo regalo digno de su cargo. El problema, como suele suceder en las relaciones humanas, es ¿qué regalarle? La brillante idea surge de doña Catalina de Austria, esposa de don Juan: regalarle a Salomón, el elefante que había pertenecido a la familia. Propuesta de la que vive arrepentida toda su vida.
El viaje de Salomón o Solimán, nombre que le impone el nuevo dueño, va desde Lisboa hasta Trento, pasando por Valladolid y Padua, subiendo los Alpes hasta llegar a su destino, Viena. El elefante, como es de suponer, no va solo, lleva toda una caravana que lo acompaña y un cornaca que lo dirige, Subhro que quiere decir blanco o, después llamado Fritz porque es más fácil de pronunciar. El arribo de Solimán es recordado en Viena por el acto heroico que realizó allí.

El premio nobel alcanza a trazar sólo una pequeñas pinceladas de la época, tal vez porque su intención no sea esa sino, como en toda su obra literaria, mostrarnos su opinión sobre temas trascendentales como la vida, la ética, la religión pero, especialmente, sobre la muerte, drama que también expone en su anterior novela “las intermitencias de la muerte”, con el sarcasmo, la ficción, la ironía y el humor que lo caracterizan.
“El viaje del elefante” es la última novela de Saramago o tal vez, nos demuestre con su propia vida de escritor que al final siempre acabamos llegando a donde nos esperan.





¡Diáconos sometidos a prueba!
por Juan Carlos Matus Sánchez


Los diáconos de la Arquidiócesis de Xalapa se presentaron en las instalaciones del Seminario Mayor de Xalapa del 18 al 22 de mayo con el fin de completar una semana de preparación para presentar un examen denominado “ad audiendas confessiones”.
Los exámenes no culminan en el momento de acabar la preparación académica durante la estancia en el Seminario, sino que los jóvenes egresados, aún cuando ya se les ha conferido algún ministerio, como en el caso de los diáconos José Luis Ortiz Gómez e Ignacio Gustavo Pimentel Colula, son sometidos a otras pruebas.

Una de ellas es el examen “ad audiendas confessiones”, mismo que presentarán el día 29 de mayo. Para cumplir con este objetivo recibieron una jornada de preparación y estudio, impartida por los presbíteros Sergio de la Fuente Peña, Rafael González y José Luis Alvarado Jácome.
Alvarado Jácome expresó que este examen es para escuchar la Confesión y que se trata de examinar temas anteriormente vistos (Moral y Derecho Canónico) pero aplicados a la doctrina de la Iglesia Católica y a lo que los futuros sacerdotes van a administrar: el perdón de los pecados. Señaló que se pueden presentar problemas en algunos alumnos que no hayan asimilado los conocimientos necesarios durante su formación o para aquellos que hayan perdido su hábito de estudio.
Además, comentó que este examen se aplica una vez que se concluyen los estudios en el Seminario, porque se requiere que el alumno haya terminado sus estudios teológicos y que sea un candidato inmediato para recibir las ordenes del presbiterado; esto es después de su formación en el Seminario, ya que implica el culmen de un proceso que le permitirá estar capacitado pastoral, doctrinal, humana, psicológica y espiritualmente para poder ejercer su ministerio.
El padre José Luis Alvarado agregó que, en caso de llegar a reprobar este examen, la Ordenación Sacerdotal puede ser retrasada o que la facultad de administrar el perdón de los pecados quedará postergada hasta que el examen sea aprobado satisfactoriamente.
Puntualizó que a las personas se les muestra la doctrina de Cristo, no se les dice lo que tienen que hacer a manera de receta, ya que se trata de personas concretas, con una situación particular; ellas decidirán lo que tienen que hacer, y que a ellos sólo les corresponde iluminar la conciencia.
Para finalizar dijo que el sacramento de la confesión no se trata de dar consejos, sino de perdonar los pecados y que, para esto, es necesario elaborar un juicio ético objetivo, y no que los futuros pastores den su particular punto de vista o lo que ellos creen, sino de presentar a Cristo, de tal manera que suscite en ellas un espíritu de conversión y de cambio.Animamos a los futuros sacerdotes para que se preparen debidamente y así obtengan un resultado satisfactorio en el examen de “ad audiendas confessiones”. ¡En hora buena!




“No está bien descubrir las faltas sin indicar a la vez el remedio para combatirlas”.

Goethe

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